Capítulo 1 El último favor
La penumbra envolvía el dormitorio de su casa en Crest Villa, Crobert.
Tras la in**midad, Brandon Watson rozó con los labios el pequeño lunar en el pe**o de Millie Bennett y se incorporó.
"Divorciémonos. Ella tiene cáncer de estómago, y solo le quedan seis meses de vida", dijo de repente, con una voz lejana, casi ausente.
Millie, aún con la respiración entrecortada, se volvió lentamente hacia él. Sus ojos reflejaban una incredulidad absoluta.
"Su último deseo es ser mi esposa", dijo Brandon mientras encendía un ci**rrillo, con un tono casi indiferente.
El h**o ascendió en lentas espirales, velando sus facciones.
Millie lo miró sin poder articular palabra, paralizada por la revelación. El silencio se apoderó de la habitación como una niebla densa.
La luz tenue de la mesilla de noche proyectaba largas sombras en la pared, acentuando la distancia entre ellos.
Brandon la miró de reojo y frunció ligeramente el ceño.
"Es solo para darle un poco de consuelo", explicó. "Nos volveremos a casar en seis meses. No vivirá mucho tiempo, Millie".
Su voz sonaba firme y desapegada, como la de alguien que transmite un mensaje que no le importaba en lo más mínimo.
Millie lo contemplaba en silencio, con la mirada fija en su perfil.
Sus palabras no eran una sugerencia, sino una orden.
Así había sido su relación: siempre unilateral. Fue ella quien lo persiguió desde el principio, impulsada por un amor juvenil.
Había permanecido a su lado durante años, superando cada obstáculo sin soltarle la mano.
Millie aún recordaba aquel día, bajo una lluvia torrencial que los empapaba. Brandon se había interpuesto entre ella y su padrastro, empuñando un palo agrietado.
"Vuelve a tocar a Millie y te arrepentirás", le había dicho con una furia contenida que ardía en su voz.
Ese momento quedó grabado en su corazón. Aun débil y sa**rando, lo vio firme, protector, fiero.
Desde entonces, se entregó a él por completo.
Lo amó sin descanso y cumplió cada uno de sus deseos con una dedicación que nadie más podía igualar.
Él solía acariciarle la cabeza, en un gesto suave y cálido, y le susurraba al oído: "Lo has hecho muy bien, Millie".
Pero los elogios de Brandon nunca duraban, sus b**os eran fugaces y el afecto que compartían siempre parecía inalcanzable. Aun así, Millie se decía a sí misma que él simplemente era así.
Incluso cuando otros la llamaban ingenua, ella permanecía a su lado, devota y confiada.
Le había entregado siete años de su vida.
Un año atrás, el abuelo de Brandon, Derek Watson, había enfermado. La familia, con la esperanza de animarlo, decidió que Brandon debía casarse.
Quizás la alegría de una boda le daría al anciano algo a lo que aferrarse.
Así que Brandon se casó con Millie.
Ella pensó que por fin había llegado su momento. Pero después de los votos, algo cambió. Él comenzó a distanciarse. A veces, la miraba como si fuera una extraña.
"Millie, ¿me estás escuchando?". Brandon frunció el ceño al notar la mirada perdida de Millie.
"¿Tiene que ser así?", preguntó ella en voz baja.
Él no respondió de inmediato. Tras una pausa, contestó: "Ella está sufriendo mucho, Millie".
El pe**o de Millie se oprimió. "¿Y yo qué?".
Brandon guardó silencio por unos segundos. Sus ojos, oscuros y firmes, mostraron un atisbo de impaciencia.
Luego, tras unos segundos, dijo: "Se está muriendo. Quizá no lo sepas, pero está enamorada de mí. Como estábamos casados y no quería herirte, nunca permitió que nuestra relación fuera a más. Incluso cuando intenté compensarla, se negó. Es una buena persona. Por favor, concédele esto. No me obligues a pensar que eres cruel".
Sus palabras, pronunciadas con tanta calma, la hirieron más que cualquier grito.
Así que para él, una mujer que se enamoró de un hombre casado, que no se apartó pero tampoco avanzó, era una santa.
Y la esposa, cuyo único deseo era conservar a su esposo, era la cruel.
Millie lo miró a la cara. Ese era el rostro del que se había enamorado: ojos intensos, nariz prominente, labios hermosos.
¿Cuándo empezó todo a desmoronarse?
Quizá fue el día en que esa mujer apareció.
"¿Estás seguro de que esto es lo que quieres?", preguntó ella, logrando mantener la compostura.
Brandon no dijo nada, apretando los labios.
Finalmente, abrió la boca para responder. "Sí, tú...".
"Está bien", lo interrumpió Millie antes de que pudiera terminar.
Brandon levantó la vista, claramente sorprendido. Frunció el ceño, estudiándola con atención.
"Estás siendo calculadora, Millie", dijo, con un destello de irritación en la voz. "Sabes que necesito tu consentimiento. ¿Piensas usarlo para fastidiarme?".
Millie no respondió. Se limitó a mirar la pared blanca, observando cómo sus sombras se alargaban en la pared.
Brandon apagó el ci**rrillo y, sin decir nada más, se vistió a toda prisa y se largó.
No se detuvo a pensar en cómo se sentía ella. Tampoco se detuvo a reconocer lo humillante o dolorosa que era su petición.
Sabía que ella no podía dejarlo.
Estaba absolutamente convencido.
La puerta se cerró de golpe tras él.
Y así, de repente, Millie se quedó sola.
Se sentó inmóvil al borde de la cama, mirando la puerta como si esperara que volviera a abrirse.
El celular vibró a su lado, y luego un mensaje iluminó la pantalla.
Tomó el teléfono.
Era de un número conocido. "Vino a verme otra vez".
El mensaje venía acompañado de una foto. El rostro de Brandon aparecía captado en el reflejo de una puerta de cristal, con una suave sonrisa en los labios y una calidez en la mirada que Millie nunca había visto dirigida hacia ella.
Se quedó helada. Luego, lentamente, comenzó a revisar los mensajes anteriores. "Dijo que siente algo por mí".
"Las noches de lluvia no son solitarias para mí porque él está aquí conmigo. ¿Y tú?".
"La verdadera am**te es la que no es amada. Millie, nunca fuiste su primera opción; solo fuiste lo que tuvo que aceptar. Él aprecia la belleza como yo, comparte mis gustos y me ama".
Los mensajes continuaban en ese tono, evidenciando la traición de Brandon.
Ese hombre que, durante siete años la había tratado con distancia, parecía haber reservado toda su ternura para otra mujer.
Millie siguió desplazándose hasta llegar al primer mensaje. "Deberías saber quién soy. ¿Te gustan las flores que hay hoy en tu salón? Las envié yo. Dijo que eran preciosas".
Por supuesto que Millie sabía quién era.
Vivian Simpson, la famosa diseñadora floral conocida por decorar con arreglos exquisitos las grandes mansiones y las lujosas fiestas de sus clientes adinerados.
Millie ya le había mostrado los mensajes a Brandon. Él les restó importancia, diciendo que no había pruebas de que fueran de Vivian.
Incluso sugirió que tal vez la propia Millie los había enviado para crear problemas. La mayoría de los mensajes no tenían fotos, y las pocas que sí, eran borrosas, tomadas desde lejos, difíciles de identificar.
Pero la foto de ese día era nítida.
Millie pensó en mostrarle la foto. Luego, su mirada se desvió hacia el cajón de la mesilla de noche. Se inclinó y lo abrió.
Ahí estaba. La prueba de em**razo que había recibido esa misma mañana.
Estaba em**razada de Brandon. En el peor momento posible.
Sus lágrimas cayeron sobre el papel, emborronando las letras.
Pero, ¿qué importaba ya? El corazón de Brandon ya no le pertenecía.
Millie se secó el rostro y recogió el encendedor que él había dejado. Las llamas parpadearon mientras sostenía la prueba sobre el fuego.
Brandon no tenía idea de que aceptar el divorcio sería el último favor que ella le haría.
Le había pagado su deuda, no con dinero, sino con siete años de su vida.
Nunca más volvería a amarlo.
Capítulo 2 Rumbos opuestos
Al día siguiente, Brandon esperaba dentro de su Maybach frente al juzgado, tamborileando los dedos de la mano izquierda sobre el volante mientras revisaba el reloj por quinta vez.
La voz de una mujer mayor sonó a través del altavoz del celular: "Brandon, Millie y tú ya llevan un año de casados, ¿no crees que es hora de que piensen en tener un bebé?".
El rostro de Brandon se suavizó. A pesar de la punzada de frustración que sintió, su tono se mantuvo paciente.
"Abuela, todavía somos jóvenes, no hay ninguna prisa. Ustedes concéntrense en su salud. El estado de mi abuelo...".
"¿Cómo que no hay prisa?", lo interrumpió su abuela, con evidente molestia en la voz.
"Puede que tu abuelo esté mejor, pero nosotros nos hacemos viejos. No sabemos cuánto tiempo nos queda".
"Abuela...", murmuró él, intentando aplacarla.
"¡No me cambies el tema! He oído cosas, Brandon. Pase lo que pase entre ustedes, trata bien a Millie".
Un silencio de varios segundos flotó en la línea.
"Brandon, ¿me estás escuchando?", insistió.
Brandon se frotó la frente, en un gesto de frustración. "Sí, abuela, entendido".
Intercambiaron unas pocas palabras más antes de que él colgara.
Brandon reanudó el tamborileo sobre el volante, pero con un ritmo más lento, ausente. Fijó la vista en el edificio del registro civil a través del parabrisas y apretó la mandíbula.
Abrió la mensajería en su teléfono.
Su pulgar se detuvo sobre una foto de perfil familiar: una sencilla imagen de flores con el nombre "Mi Amor". La ignoró y abrió la conversación con Millie.
El último mensaje que le había enviado era un escueto recordatorio de la hora y el lugar para formalizar el divorcio.
Ella todavía no había llegado.
Con el ceño fruncido, Brandon envió un nuevo mensaje: "¿Dónde estás?".
Un golpe en la ventanilla sonó casi al instante. Se giró y vio a Millie de pie afuera, con el rostro pálido.
Ella abrió la puerta y se deslizó en el asiento del copiloto. Lo miró, con el rostro desprovisto de toda expresión.
Él no se había cambiado de ropa desde el día anterior; llevaba el mismo atuendo que ella le había elegido.
Durante años, siempre fue Millie quien escogía sus corbatas, seleccionaba su perfume y organizaba cada detalle, hasta el ajuste de sus camisas y trajes hechos a medida.
"¿Por qué llegas tarde?", preguntó Brandon.
Millie desvió la mirada.
"No llego tarde", dijo en voz baja.
Simplemente ya no era esa mujer que solía llegar antes solo para esperarlo.
Brandon dejó de tamborilear. La observó, entrecerrando los ojos.
Estaba pálida; quizá por una noche en vela después de que él mencionara el divorcio la noche anterior.
Aun así, parecía estar bien.
"Mi abuela llamó antes", dijo Brandon sin mirarla. "No les digas nada del divorcio. Son demasiado mayores para soportar un disgusto así".
Millie no respondió de inmediato. En lugar de eso, preguntó: "¿Qué te dijo tu abuela?".
"Quiere que tengamos un bebé", respondió Brandon secamente, con un matiz de irritación en la voz.
El silencio se instaló en el auto.
Tras un momento, Millie soltó una risa suave, contenida.
Brandon apretó el puño y giró el rostro hacia la ventanilla.
Hubo un tiempo en que había imaginado cómo sería su hijo.
Recordaba abrazarla por la espalda, posar una mano con delicadeza sobre su vientre y susurrarle: "Millie, ¿cuándo me vas a dar un bebé?".
Pero nunca ocurrió.
De todos modos, siempre podrían volver a casarse en seis meses y empezar a planearlo. Todavía habría tiempo.
Vivian, en cambio, no tenía ese lujo. Le quedaban solo seis meses de vida.
Afuera, los peatones seguían su rutina, ajenos al mundo que se desmoronaba dentro del auto.
Entonces, Millie rompió el silencio. "Una vez más, Brandon. ¿Estás completamente seguro de que quieres seguir adelante con esto?".
"¿Te estás arrepintiendo?", espetó él, visiblemente alterado.
Vivian lo esperaba en su estudio.
Ante su tácita confirmación, Millie no dijo una palabra más. Sacó un documento de su bolso y se lo entregó.
Él lo tomó y, con el ceño fruncido, hojeó las páginas. Era un acuerdo de separación de bienes.
"Si vamos a divorciarnos, debemos dejar todo claro", prosiguió con voz firme.
"Solo tomaré lo que me corresponde de la familia Watson. De ahora en adelante, los ingresos que genere cada uno serán exclusivamente propios".
Luego, Millie sacó un bolígrafo y lo dejó a su lado.
"Si estás de acuerdo, fírmalo".
La mirada de Brandon permaneció fija en el documento, su ceño frunciéndose aún más a medida que leía.
El acuerdo era sorprendentemente simple. En realidad, no pedía casi nada. Y la firma de ella ya estaba allí.
No lo entendía.
¿Qué pretendía con esto? Al final, solo era un divorcio temporal.
Vivian tenía los días contados, y él planeaba acompañarla en ese tiempo. Después, volvería con Millie. Nadie tenía por qué saber que se habían divorciado.
Para él, Millie siempre había sido incondicionalmente leal.
Brandon nunca la había considerado una persona con orgullo o límites.
Hubo un tiempo en que, aburrido, la empujó deliberadamente a hacer cosas que herían su orgullo.
Pero Millie nunca se negaba.
Siempre volvía con una sonrisa amable, mostrándole el resultado como si fuera un trofeo. "Brandon, mira, lo conseguí. ¿No es genial?".
Era una buena esposa. Sumisa. Siempre dispuesta. Durante siete años, él había sido testigo de lo mismo una y otra vez.
Si no fuera por Vivian, su matrimonio probablemente habría continuado igual.
Pero...
Un recuerdo fugaz le dio una punzada en el pe**o: Vivian, débil, tosiendo sa**re, pero aun así intentando sonreír. El dolor era agudo, imposible de ignorar.
Brandon volvió la vista hacia la ventanilla.
El reflejo de Millie le devolvió la mirada: un rostro vacío, carente de emoción.
¿Era esa su forma de amenazarlo?
Después de todo, ya una vez había falsificado mensajes para inculpar a Vivian.
La odiaba.
Con una risa seca, Brandon tomó el bolígrafo y estampó su firma en el documento.
Nadie podía obligarlo. Ni siquiera ella.
Había dos copias del acuerdo.
Millie tomó la suya con calma después de que él firmó ambas.
Ambos bajaron del coche y entraron en el juzgado. Juntos, iniciaron los trámites del divorcio.
La próxima vez que volvieran sería para finalizar el proceso y recoger el acta de divorcio.
Una vez concluidos los trámites, salieron juntos del edificio.
El sol picaba con fuerza y el calor se sentía sobre la piel de Millie.
Brandon observó a la gente que iba y venía.
No era difícil distinguir a las parejas que entraban para casarse de las que salían ya divorciadas. Algunos elegían el juzgado para casarse.
Unos novios pasaron a su lado, tomados de la mano.
La sonrisa de la mujer le recordó a Brandon la expresión de Millie el día de su boda, un año atrás.
Miró a su esposa, pero ella mantenía una expresión inescrutable.
"Seguiré transfiriendo dinero a tu cuenta durante los próximos seis meses", dijo él. "Y no les digas nada a mis abuelos".
No esperó su respuesta. Se dio la vuelta y se marchó sin más.
Millie se quedó inmóvil, en silencio, observando cómo el auto de Brandon desaparecía al doblar la esquina.
Su taxi llegó poco después.
Y así, cada vehículo tomó una dirección opuesta.
Uno se dirigió a la floristería Vivian Floral Design; el otro, al Hospital Crobert.
...
Brandon entró en el estudio de Vivian, quien lo recibió con una sonrisa amable.
"Ya está hecho", le dijo él. "No hizo ninguna escena".
Mientras tanto, Millie entró en el consultorio de ginecología y se sentó en silencio frente a la doctora.
Esta se inclinó y corrió la cortina que los separaba.
"Millie...", comenzó su mejor amiga y doctora, Alexia Hussain, mirándola con preocupación.
"¿Estás segura de que quieres interrumpir el em**razo? Estabas tan decidida a tener este bebé. Te esforzaste tanto para prepararte para co**ebir...".
Millie sacó de su bolso el resguardo de la solicitud de divorcio y lo deslizó sobre el escritorio.
"Sí", respondió con una calma gélida. "Vamos a interrumpirlo. Ya no lo quiero".
Capítulo 3 Signos de ab**to espontáneo
Alexia se quedó atónita al ver el recibo de la solicitud de divorcio entre sus manos.
Llevaban más de diez años de profunda amistad, tiempo en el que ella fue testigo de cuánto amaba Millie a Brandon.
Hubo una época en la que su amiga habría dado su vida por él sin pensarlo dos veces.
Y se habían casado hacía apenas un año. Alexia había sonreído en la boda, aunque percibió algo extraño en esa unión.
Aun así, Millie había conseguido lo que tanto anhelaba, y eso era lo único que entonces importaba.
Y ahora, esto...
¿Qué demonios había pasado?
"Ya no lo amo", dijo Millie, como si le leyera el pensamiento.
La miró y le dedicó una sonrisa tan leve como serena.
En esa sonrisa, Alexia reconoció un destello de la antigua Millie; la de antes de que todo se derrumbara, antes de que el dolor surcara su rostro y de que la muerte de su padre y la ruina de la familia Bennett la transformaran.
Ese fugaz reflejo de la mujer que alguna vez fue le trajo una extraña sensación de calma.
"Brandon no sabe que estoy em**razada", continuó Millie con la misma serenidad. "Y no quiero correr ningún riesgo hasta que el divorcio sea definitivo. Es mejor que no se entere".
Si una de las partes cambiaba de opinión antes de que el divorcio fuese definitivo, podía retirar la solicitud y detener el proceso.
Solo entonces comprendió Alexia que Millie hablaba con total seriedad.
Tras asimilarlo, Alexia hizo lo que debía: programó los análisis para Millie y le aconsejó con cautela: "Tienes que esperar unos días antes de hacerte el procedimiento".
Millie frunció el ceño, confundida. "¿Por qué?".
"Conoces tu grupo sa**uíneo: Rh negativo. Es poco común", explicó Alexia.
"Necesitamos tiempo para preparar sa**re, por si acaso. Ya contacté al banco de sa**re y me informaron que podría tardar una semana".
Millie guardó silencio. La tristeza en su mirada era inconfundible.
Había heredado ese grupo sa**uíneo de su padre y, en ese instante, volvió a echarlo de menos.
Si él todavía estuviera vivo...
"De acuerdo", asintió Millie lentamente. Esbozó una sonrisa débil, pero sus ojos se enrojecieron.
"Además, presentas síntomas de amenaza de ab**to espontáneo. Debes tener mucho cuidado estos días", añadió Alexia con voz preocupada.
Eran como hermanas, y conocía cada matiz de su tristeza.
Le tomó la mano. "Espérame. Mi turno está a punto de terminar. Iré a casa contigo".
Millie asintió y salió a esperar al pasillo.
Bajó la mirada hacia su vientre.
¿Amenaza de ab**to...?
¿Acaso el bebé sabía lo que ella había decidido y quería marcharse antes?
Apretó los labios hasta formar una fina línea y se dirigió al laboratorio para los análisis.
Su celular vibró con una notificación del banco.
Había abierto una cuenta nueva, una de la que Brandon no tendría conocimiento. Estaba separando su dinero meticulosamente antes de que el divorcio se hiciera efectivo.
Cada céntimo que ganara a partir de entonces iría a esa cuenta.
Un segundo mensaje llegó de inmediato: "Se ha procesado el pago por la composición y la letra. El Departamento de Finanzas realizó la transferencia. Por favor, confirme la recepción".
Antes de casarse con Brandon, Millie trabajaba discretamente como compositora anónima.
La música siempre fue su primer amor. Cuando su padre vivía, la vida era generosa y no le faltaba nada.
Como hija única de la familia Bennett, tuvo la libertad y los medios para cultivar su don.
Las vueltas que da la vida le habían enseñado lecciones que no sabía que debía aprender.
Quizás su padre nunca imaginó que el pasatiempo que una vez le inculcó sería, algún día, lo que la mantendría a flote.
Millie hizo una pausa y tecleó su respuesta: "Dinero recibido. Gracias".
La respuesta fue inmediata: "Te lo mereces. Has escrito muchos éxitos a lo largo de los años. ¿Por qué no vuelves? Hay un programa nuevo a punto de empezar y es perfecto para ti. Te envié los detalles a tu correo. Te he guardado un puesto como concursante".
Millie abrió su correo. Un nuevo mensaje encabezaba la lista: una invitación para unirse a un concurso de música. El formato le resultaba familiar, similar a otros que ya había visto, pero este exigía composiciones originales.
Escribió una respuesta rápida: "Lo pensaré".
Luego, dejó el celular a un lado. Un leve cólico le retorció el bajo vientre.
Volvió a pensar en su padre.
Era la segunda vez en el día.
...
Mientras tanto, internet ardía con la noticia.
#VivianSimpsonCáncerDeEstómago
#LaDiseñadoraFloralVivianSimpsonEnCuentaRegresiva
#ÚltimosSeisMeses
El video más viral mostraba a un reportero hablando a cámara: "Fuentes cercanas confirman que la reconocida diseñadora floral, Vivian Simpson, fue diagnosticada con cáncer de estómago. Le han dado seis meses de vida. Pero en lugar de retirarse, ha decidido documentar el tiempo que le queda; quiere compartir con el mundo el ocaso de su vida".
El video pasó a un primer plano de Vivian, quien miró a la cámara con una sonrisa triste.
"Durante estos últimos seis meses, publicaré actualizaciones sobre mi vida. No lo hago para llamar la atención, solo quiero ofrecer algo de consuelo a quienes estén pasando por lo mismo. Ojalá todos se mantengan fuertes", dijo con voz suave.
El reportero volvió a primer plano: "Desde hace tiempo circulan rumores sobre la señorita Simpson y el señor Brandon Watson, director ejecutivo del Watson Group. Pero el señor Watson está casado. Queda por ver si se reunirá con la señorita Simpson durante los que podrían ser sus últimos meses".
Al fondo, Vivian pareció escuchar esa última parte. Se acercó con elegancia, se detuvo junto al reportero y, con una sonrisa, lo interrumpió.
Miró directamente a la cámara al decir: "No me avergüenza decir que me gusta Brandon. Es un hombre increíble. Y estoy segura de que no soy la única que piensa así. Pero quiero dejar algo claro: no voy a romper un matrimonio. No soy esa clase de persona".
Dicho eso, se giró y se alejó sin mirar atrás.
Se abrió paso entre la multitud con una sonrisa y subió a un auto que la esperaba.
La cuidadora extranjera de Flaville le pasó un vaso de agua, con la mano detenida en el aire, indecisa.
"Parece que tienes algo que decir", dijo Vivian con voz gélida. "Habla. El conductor es de confianza".
La cuidadora se inclinó y susurró: "Señorita Simpson, su diagnóstico es... una úlcera estomacal. Que nuestra clínica alterara su historial para que indicara cáncer ya es bastante arriesgado. ¿Y ahora lo publica en redes sociales?".
Vivian soltó una carcajada cargada de sarcasmo que tomó por sorpresa a la cuidadora.
"¿Tu clínica tiene licencia, verdad?", preguntó.
La cuidadora asintió.
"Y gestiona mi historial médico de forma confidencial, ¿cierto?".
La cuidadora volvió a asentir.
"¿Y eso es lo que dice mi historial médico, que me quedan seis meses de vida por un cáncer de estómago terminal?".
La cuidadora vaciló antes de asentir una vez más.
"¡Perfecto!", exclamó Vivian, recostándose con una expresión de triunfo. "Entonces es oficial. Nadie puede cuestionarlo".
"Pero usted en realidad no tiene cáncer de estómago. Más adelante, ¿qué pasará...?".
"Hay dos opciones", la interrumpió Vivian, con la voz más afilada y la mirada más dura.
"Una: me recupero milagrosamente durante el tratamiento, ya sea en su clínica o en otro lugar, quizás gracias al amor que he recibido. Dos: se culpa a tu clínica por un error de diagnóstico y meses de tratamiento equivocado".
Giró el rostro por completo hacia la cuidadora, con un aire todavía más intimidante. "¿Cuál de las dos opciones prefieres?".
La cuidadora, aterrada, se forzó a responder: "Lo siento, señorita Simpson. Entiendo. Usted ya lo tiene todo previsto".
Vivian esbozó una sonrisa, tan leve como gélida.
"¿A dónde vamos ahora, señorita Simpson?", preguntó la cuidadora, intentando aligerar el ambiente.
Vivian miró su celular. "Al hospital Crobert".
La cuidadora se tensó. "Pero...".
"Tranquila. Solo voy a que me den un calmante, usando mi historial médico", dijo Vivian. Acto seguido, tomó el celular y le envió un mensaje a Brandon para que se reuniera con ella en el hospital más tarde.
Casi al instante, él respondió: "De acuerdo".
Mientras tanto, Millie estaba en el baño del hospital, con un dolor persistente en el bajo vientre.
Sostenía en la mano un pañuelo de papel, donde una mancha de sa**re destacaba sobre el blanco inmaculado.
Era un indicio temprano de un ab**to espontáneo.
Capítulo 4 Ningún lazo con él
Mientras Vivian se dirigía al Hospital Crobert, el internet hervía con miles de comentarios sobre su supuesto diagnóstico.
Su nombre era el centro de innumerables hilos en foros y redes sociales.
"La verdad, creo que Vivian es muy valiente. Sabe lo que siente y cuáles son sus límites. Eso se respeta".
"Exacto. A muchas nos gusta Brandon, pero mientras no destruya un matrimonio, lo que ella sienta es asunto suyo".
"Yo la sigo desde hace años. Esa transmisión desde Crest Villa... fue como asomarse a la vida de los ricos. Esuna lástima que le quede tan poco tiempo".
"Por cierto, ¿quién es la esposa de Brandon? Debería permitirle estar con Vivian. A esa pobre chica solo le quedan seis meses".
"Yo la conozco. Es Millie Bennett, una música. Dejó su carrera al casarse para dedicarse por completo a su matrimonio".
...
En el Hospital Crobert, el teléfono de Millie no paraba de sonar. Recibía un aluvión incesante de llamadas y mensajes.
Algunos eran de genuina preocupación, otros buscando chismes, y unos cuantos, crueles y burlones. Todos, sin excepción, trataban sobre Vivian y Brandon.
Millie había leído suficientes titulares para comprender la situación.
No quiso saber más, pues ya nada de eso importaba.
Una vez que el divorcio fuera definitivo, Brandon ya no formaría parte de su vida.
Miró la hora. Al levantar la mirada, vio que Alexia se acercaba.
"¿Cómo te encuentras?", le preguntó Alexia con sincera preocupación. "¿Sientes algún dolor?". Notó el cansancio en el rostro de Millie y, sin esperar a que se lo pidiera, le ofreció la mano para ayudarla a incorporarse.
Millie esbozó una leve sonrisa y negó con la cabeza.
Había tomado una decisión. Había cosas que, simplemente, debían afrontarse.
Alexia lo comprendió. Suspiró y ayudó a Millie a ponerse de pie. Tomaron el ascensor y, momentos después, las puertas se abrieron en la planta baja.
El vestíbulo del hospital estaba abarrotado, mucho más de lo habitual. Millie distinguió a varios reporteros entre la multitud.
"Cuánta gente hay hoy. Seguro que ha venido algún famoso a una revisión", comentó Alexia.
"Siempre generan este revuelo...". Se interrumpió de golpe y su rostro se contrajo. Al ver algo, intentó guiar a Millie en la dirección opuesta.
Pero fue inútil. Millie ya los había visto.
Brandon estaba allí, imponente, atrayendo todas las miradas sin esfuerzo alguno. El bullicio circundante parecía no afectarlo.
Llevaba el cabello peinado a la perfección y un traje elegante, tan pulcro que el caos mismo parecía no atreverse a rozarlo.
A su lado estaba Vivian. Pálida, menuda, con una expresión que acentuaba aún más su fragilidad.
Tropezó ligeramente y Brandon reaccionó al instante, sujetándola con delicadeza, protegiéndola de las cámaras y de la multitud con su cuerpo.
"No mires", le ordenó Alexia, interponiéndose bruscamente entre ella y la escena, con la voz cargada de ira.
"Vámonos, Alexia", dijo Millie con voz serena. Ya había tomado una decisión: Brandon no tenía por qué saber que estaba allí y ella no tenía ningún interés en cruzarse con él.
"¿Por qué tendríamos que irnos nosotras?", replicó Alexia, furiosa. "Todavía no se han divorciado. Legalmente, sigue siendo tu esposo. ¡Y míralo, ahí, sosteniendo a otra mujer como si no pasara nada! ¡Qué descaro!".
Esposo...
Millie desvió la mirada y suspiró.
Hubo un tiempo en que sonreía en secreto solo de pensar que Brandon era su marido.
Pero ya no.
"No me siento bien, Alexia. Por favor, vámonos", dijo Millie, cambiando de tema.
Alexia le prestó toda su atención y apartó la vista de Brandon y Vivian.
Se marcharon. Desde el otro extremo del vestíbulo, Vivian las observó irse. En su rostro se dibujó un destello fugaz de satisfacción.
"Perdóname, Brandon. No era mi intención involucrarte en este lío", dijo con un matiz de arrepentimiento. "Sé que detestas ser el centro de atención...".
"No te preocupes", respondió Brandon. "Entremos a ver al médico". Su rostro permanecía impasible, pero una sensación fugaz e indefinible se agitó en su interior.
Los dos entraron en la consulta.
Vivian le entregó su historial médico al doctor. Este lo leyó con detenimiento y frunció el ceño.
"Esto parece grave", dijo.
Vivian esbozó una leve sonrisa. "Lo sé", dijo en voz baja. Luego, respiró hondo. "Por favor, recéteme algo fuerte para el dolor".
"Dado su estado, le sugiero que ingrese en el hospital para iniciar el tratamiento", aconsejó el médico. "Debería intentarlo. Todavía existe la posibilidad de prolongar su vida".
"¿Para qué?", replicó Vivian con una sonrisa amarga.
Se secó las lágrimas que asomaban a sus ojos y añadió en voz baja: "No quiero someterme a ningún tratamiento".
Los dedos de Brandon se aferraron a los de ella con más fuerza.
Ella negó suavemente con la cabeza.
"Doctor, solo quiero vivir lo que me queda con algo de dignidad", dijo. "Así que, por favor, solo recéteme analgésicos potentes".
El médico suspiró profundamente, pero finalmente asintió comprensivamente.
Fuera, los reporteros no dejaban de tomar fotos y grabar videos para subirlos a internet.
La reacción del público fue abrumadoramente emotiva.
"Dios mío, estamos viendo en directo cómo se apaga la vida de una persona".
"A mí se me saltan las lágrimas con cualquier dolor. No puedo ni imaginar lo que debe de ser tener un cáncer terminal. Y aun así, ella es capaz de sonreír. Qué fortaleza".
"No pude contener las lágrimas cuando dijo que renunciaba al tratamiento. Solo quienes han pasado por una enfermedad grave pueden entender lo que se siente".
La simpatía del público hacia Vivian alcanzó su punto más alto.
...
Vivian no tardó en conseguir sus medicamentos. Cuando ella y Brandon salieron del hospital, Millie estaba sentada en un banco cercano. Esperaba a Alexia, que había ido a buscar el auto.
Antes de que Millie pudiera reaccionar, los paparazzi la reconocieron y se abalanzaron sobre ella.
Los flashes de las cámaras destellaron todos a la vez.
Brandon también la vio. Frunció el ceño y le espetó: "¿Qué haces aquí?".
Millie se puso de pie. Su mirada se deslizó desde el rostro de Brandon hasta la mano de Vivian, que reposaba en el brazo de él.
No dijo nada. Pero la marabunta de reporteros no le dio oportunidad.
"Señora Watson, ¿ha venido por los rumores de internet? ¿Intentaba sorprenderlos in fraganti?".
"¿Qué opina de que su marido se muestre en público con otra mujer?".
"Señora Watson, ¿piensa tomar alguna medida con respecto a Vivian?".
La prensa asumió de inmediato que Millie había aparecido a propósito para enfrentarse a Vivian y montar una escena.
Incluso Brandon lo pensó.
Su rostro reflejaba su fastidio.
"Vivian está enferma. ¿No lo sabías?", espetó él.
El tono de Brandon era una pura amenaza.
Millie sintió ganas de reír.
Así que eso era lo que él creía: que había ido a provocar deliberadamente a una enferma.
Era evidente que Brandon no la conocía en lo más mínimo.
Al ver que Millie no respondía, los reporteros se volvieron hacia Vivian para preguntarle sobre su papel como destructora de un matrimonio.
Brandon se volvió hacia la primera. "¡Millie!", la llamó con voz áspera. Pretendía que defendiera a Vivian.
Como siempre, esperaba que ella hiciera exactamente lo que él deseaba.
Pero la voluntad de complacerlo había desaparecido.
Se estaba alejando de él; ya no tenía motivos para obedecerlo.
Millie se llevó la mano derecha al vientre. La molestia sorda persistía.
"Vine a ver a una amiga", dijo finalmente.
No quería decir más. Su em**razo no era algo que quisiera revelar. No antes de que el divorcio fuera definitivo y, desde luego, no con todas esas miradas clavadas en ella.
Tras responderle a Brandon, Millie se dio la vuelta para irse.
Pero los reporteros no la dejaron en paz. La rodearon como una manada hambrienta.
"Señora Watson, la gente en internet le pide que se haga a un lado y deje que el señor Watson esté con Vivian. ¿Qué tiene que decir al respecto?".
"A Vivian no le queda mucho tiempo. ¿Aun así va a luchar contra ella?".
"Señora Watson...".
Millie no se molestó en responder. Solo quería salir de allí.
La prensa, encantada de tener por fin a los tres protagonistas en el mismo lugar, no tenía intención de dejar que la escena terminara.
Brandon permaneció inmóvil, sin decir nada. Su silencio pareció envalentonar a alguien de entre la multitud, que empujó a Millie con fuerza.
Ella se tambaleó, y por instinto, se cubrió el vientre con ambas manos.
Capítulo 5 Dejar ir el pasado
Millie cayó de espaldas con un golpe sordo.
Los flashes de las cámaras centellearon, capturando su caída desde todos los ángulos.
Instintivamente, buscó la mirada de Brandon. Pero él se mantuvo inmóvil, su expresión fría, distante, como si nada de lo que pasaba tuviera que ver con él.
En ese instante, Millie comprendió lo que él esperaba y sintió una punzada en el corazón.
Quería que ella hablara en su nombre. Que le dijera a la prensa que todo era un malentendido; que Vivian estaba enferma y él solo había acudido a verla por preocupación. Un acto de bondad, no de traición.
Con una mano sobre el vientre, Millie inclinó la cabeza y esbozó una sonrisa casi imperceptible.
El cielo estaba despejado y la luz del sol se filtraba a través de la multitud, pero nada de eso parecía tocarla.
Se recompuso y se puso en pie con lentitud.
Luego, sin mirar atrás, dijo con voz serena: "Lamento lo que le sucede a la señorita Simpson, pero eso es todo".
Alguien entre la multitud, sin entender la situación, preguntó: "¿Entonces es usted amiga suya?".
Millie soltó una risa corta. "¿Amigas? No se puede llamar amiga a alguien que se aferra a mi esposo todos los días".
Se dio la vuelta y le hizo una seña a Alexia, que acababa de llegar.
"¡Millie!", la llamó Brandon a sus espaldas, con el rostro contraído por la furia.
Pero ella no miró hacia atrás. Mantuvo la espalda erguida y siguió caminando.
Alexia la alcanzó y, mientras se alejaban, comentó con sorna: "Cualquiera pensaría que los casados son ellos y tú la am**te. Es ridículo".
Vivian entreabrió los labios, lista para responder. "Tú...", comenzó.
Pero Alexia la interrumpió antes de que pudiera terminar: "¿Qué? ¿Acaso me equivoco? Si crees que vas a asustarme con la prensa, adelante. No tengo nada que ocultar".
El rostro de Vivian se puso aún más pálido, como si fuera a desmayarse.
Los reporteros se agitaron y sus voces se alzaron al unísono.
Alexia guio a Millie hasta el auto sin volver la vista atrás.
"No te preocupes", le dijo. "Está fingiendo, no hay duda. He visto suficientes casos como este para reconocerlo al instante".
Millie le dedicó una leve sonrisa. "No me preocupa ella, sino tú. ¿Y si este escándalo afecta tu trabajo?".
Cuando el semáforo se puso en rojo, Alexia sonrió y le dio un codazo juguetón. "No olvides que mi padre es el director del hospital".
Millie enarcó una ceja. "¿El mismo con el que juraste no volver a hablar nunca?".
Alexia se encogió de hombros. "Nunca se sabe cuándo un contacto puede ser útil. La verdad, a veces desearía que todos los hombres poderosos fueran mis padres".
Ambas rieron y la tensión en el rostro de Millie comenzó a disiparse. Cuando el semáforo se puso en verde, el auto reanudó la marcha.
"Tengo la tarde libre", dijo Alexia mientras se estiraba. "Estoy aquí para lo que necesites".
Millie le siguió el juego y se volvió hacia ella con una sonrisa pícara. "Perfecto. Necesito que me ayudes con algo".
"¿Con qué?", preguntó Alexia, intrigada.
"A mudarme". Le sujetó la muñeca. "Ya no puedes negarte".
Alexia gi**ó, pero aceptó.
Poco después, ambas llegaron a la casa que Millie había compartido con Brandon, acompañadas por un equipo de mudanzas.
La casa se había amueblado a toda prisa tras su boda precipitada.
Al principio, todo parecía provisional, desde los muebles hasta la distribución. Sin embargo, con el paso del año, Millie la había transformado en un hogar, llenándolo de calidez.
O al menos, eso había intentado.
Alexia dirigía a los operarios mientras Millie recorría la casa en silencio, rozando con delicadeza cada objeto. En una estantería, vio un frasco de Chanel N.º 5.
El primer regalo que Brandon le había hecho. Se lo había traído de un viaje de negocios y había ido a verla directamente desde el aeropuerto.
La había rodeado con sus brazos. Sus b**os habían sido rápidos, urgentes. Entonces eran como cualquier otra pareja de jóvenes enamorados.
Abrió el frasco y lo roció una vez en el aire. El aroma llenó la habitación.
Recordó cómo él la había be**do suavemente después de que ella se lo aplicara sobre la piel.
"¿Empaco esto también?", preguntó Alexia al ver el frasco.
Millie la miró y negó con la cabeza. "Déjalo".
Se quitó el anillo de bodas, aquel que Brandon le había comprado sin pensarlo mucho, y lo dejó con cuidado sobre la mesa.
Pero cuando los operarios pasaron junto a ella una vez más, se detuvo. Luego, en silencio, abrió un cajón y guardó dentro tanto el perfume como el anillo.
Pronto, en la casa no quedó rastro alguno de ella. Solo quedaban el frasco y el anillo.
La mudanza fue agotadora, pero una vez tomada la decisión, el proceso resultó rápido.
Lo mismo ocurrió con sus sentimientos.
El viento le alborotaba suavemente el cabello mientras el auto avanzaba hacia su nuevo hogar. A sus espaldas, la mansión se desvanecía en el espejo retrovisor.
A veces, para poder avanzar, hay que dejar una parte de una misma atrás.
Millie tenía asuntos que atender: la caída de la familia Bennett y las preguntas sin respuesta sobre la repentina muerte de su padre. Iba a descubrir la verdad.
Su vida siempre había estado definida por las necesidades de los demás.
Ahora era el momento de vivir para sí misma.
Y decidió que empezaría por el concurso de música. Le daría dinero y, lo que era más importante, le permitiría reconectar con personas del pasado de su padre.
Sacó el teléfono, buscó el contacto adecuado y escribió el mensaje. "Voy a participar en el programa de música".
...
Vivian seguía llorando.
Brandon estaba sentado a su lado, susurrándole palabras de consuelo. Pero su mente estaba ocupada con la imagen de Millie dándole la espalda, pronunciando aquellas palabras.
Ella sabía exactamente lo que él quería que dijera, y había decidido no hacerlo.
Le había enviado un mensaje tras otro, pero ella no había respondido a ninguno.
Últimamente se comportaba de una forma muy extraña.
Su cambio era demasiado brusco, demasiado repentino. Lo estaba provocando a propósito.
Lo hizo cuando presentaron la solicitud de divorcio y lo había vuelto a hacer en el hospital.
Brandon recordó la mirada de Millie la noche anterior, cuando le preguntó si de verdad estaba decidido a divorciarse.
Estaba triste, pero también serena.
Un miedo inesperado le oprimió el corazón.
"Brandon, no te enfades con Millie", dijo Vivian entre sollozos. "Sé que está molesta. Después de ver los videos en internet, seguro que v**o a enfrentarnos... y lo entiendo".
Rompió a llorar. "Después de todo... yo le he quitado algo. Le estoy arrebatando los últimos seis meses de su matrimonio, o lo que queda de él. Si quiere descargar su ira contra mí, me lo merezco...".
Mientras hablaba, comenzó a toser violentamente.
Un segundo después, escupió sa**re en la mano.
"¡Vivian!". Brandon se levantó de un salto y cogió el teléfono para llamar a una ambulancia.
En cuanto al repentino cambio de Millie, lo atribuyó a un simple berrinche. En su mente, ella jamás se atrevería a dejarlo.
Vivian extendió una mano para detenerlo y sonrió débilmente a pesar de todo. "Es el cáncer. Está en fase terminal... Son cosas que pasan. No te preocupes".
Su cuidadora la ayudó a recostarse.
Brandon se dio la vuelta, pensando ya en cómo confrontaría a Millie.
En cuanto él salió de la habitación, Vivian se limpió la boca con calma y sacó la pequeña bolsa de sa**re que tenía oculta en la mejilla.
Se echó a reír. "¿Qué crees que le dirá ahora a Millie?", le preguntó a su cuidadora. "La verdad, estoy ansiosa por verlo".
Luego, se puso a revisar con entusiasmo las noticias.
Toda la comunidad en línea parecía estar en contra de Millie.
"Vivian ni siquiera fue a por un tratamiento, solo quería analgésicos. Millie armó un escándalo por nada".
"Vivian se está muriendo, ¿y Millie todavía quiere pelear por un hombre?".
"El señor Watson y Vivian se ven perfectos juntos. Son una verdadera pareja de éxito".
"La caída de Millie fue patética. Sentí vergüenza ajena".
"¡Millie, apártate de una vez!".
"¡Millie, divórciate de Brandon!".
"¡Sí, divórciate de Brandon!".
"¡Divórciate!".
Vivian soltó una risita mientras leía los comentarios. Luego, envió un mensaje a un contacto y le dio unas cuantas instrucciones.
"La jugada de hoy ha sido perfecta. Sigue presionando. Asegúrate de que Millie no pueda levantar cabeza. Una cosa más, averigua por qué fue al hospital hoy".
......
¿Qué sucederá en adelante?
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